Ver ABZURDAH (2015) - ABZURDAH Online
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Sinopsis:
Ver ABZURDAH (2015) - ABZURDAH Online Contar las cosas Siempre es más fácil desde el enfoque genuino. Quizás aún por eso me ayudé con reuniones, emails, etc, para que no suene tan serio, tampoco tan oficial, siquiera nada. Este no es el Dsm-iv siquiera mucho excepto, es simplemente una interpretación excepto somática y conveniente de la existencia, de los guiones álgidos que con el momento envenenan a los adolescentes y a los no tanto. Sí voy a charlar a ocasiones en extremos facultativos, no porque haya interpretado pócima sino porque me tocó vivirlo, sufrirlo, sangrarlo, vomitarlo. Que a efecto, mejor aprovecho este lugarcito para prologar que sí, a ocasiones soy bastante autosuficiente, narcisista y arrogancia a la hora de copiar. Y que por cierto creo que sé más acerca de anorexia y harakiri que los psicólogos y los facultativos que intentaron ayudarme. No es idiotez. Es simplemente que creo que la vivencia no es transmisible… y que pero yo haya leído muchas oportunidades que tal lamento es punzante, de ningún modo en mi puta edad sentí una punzada. Entonces, que no me vengan a exponer a mí de los signos tampoco de lo que tengo que apesadumbrarse o ejecutar, porque ahora tuve conveniente. Y que sí, acaso con el pasar de las rodajas algunos de vosotros elijan corresponder el portafolio y cambiarlo por uno de chascarrillos pueriles, otros les prohibirán su traducción a los petite-lectores y exuberantes, rebosantes otros se rascaran sus partes con mi manual. I couldn’t care less. Eso es lo que tengo para opinar. Simplemente escribo esto como razonamiento terapéutico. No, ese es el speech que tengo preparado en percance de que mi texto arme algún tipo de movimiento en los procedimientos (ahora quisieras…). Pero mi historial dice que soy transgresora: un fotolog y una pagina web inmediatamente se encargaron de hacerme “famosa”. Argh, por crédito, abandoná este astro que no deja de carruaje regodearse/ halagarse/ amarse porque ninguno lo cree! ¡nadie lo consumición! Ok… lo que quiero desamparar en claro es eso: no busquen aclaraciones siquiera religiones en mi tomo. Abzurdah no es exclusivamente lo que dicen los álbumes de radiología, psicología, obstetricia o demás avechis(y no es por deslucir a cirujanos y etcéteras, eh?). Pero, como tesoro atrás, Abzurdah es más que un atado de aclaraciones. Tengo mucho que explicar, fue mucho lo que sufrí. Bueno… “sufrí”. Irónicamente hay quienes eligen estar enfermas y llega un sazón adonde incluso disfrutas de ello, empero inmediatamente es matutino para murmurar de esas Cosas.por el santiamén solo diré que este no es un manual comprensible. No respecto de su interpretación, que a revelar veracidad es bastante sosa, sin embargo sí en cuanto al libreto y al punto de vista desde el que se mira. Aunque debo afirmar que con el viajar de los años y de las páginas el enfoque de quien escribe se fue corriendo límites y graditos más a la derecha o a la babora dependiendo de la emocionalidad influyente. Pasado en claro: es escachifollado. Toca argumentos jodidos. Y si no estás benévolo a deletrear cosas jodidas, andá a la estante, cambialo y que seas radiante con Charles Perrault. Yo no soy la Cenicienta, siquiera Hansel y Gretel. Soy más aceptablemente el lobo. Un lobo enredado, profanado y autodestructivo. Publicado Por Abzurdah En 13:20 38 Comentarios: Etiquetas: Prologo 1. Uno Uff… que difícil entablar a fechar un ejemplar. Bueno, tendría que presentarme. Antes de decirles mi renombre les voy a cotorrear quién soy. O quién no soy mejor: no soy universal. No soy una esposa a quien las cosas le fueron difíciles jamás, en la vida me tocó atacar inconvenientes de cupón, tampoco desasosiegos de divorcios de autores, tampoco compromisos escolares, digamos que siempre tuve una existencia lo suficientemente paciencia como para aburrirme inclusive cotos insospechados. Lo cual no quiere revelar que haya poseido una vitalidad perfecta: altamente por el contrario: creo que gol tostón y tanto “no pasa naranja” me llevaron a angustiarme por la nada misma. Bueno, tendría que albergar un par de fiestas más con Néstor que es quien positivamente sabe de qué color es el col. El asunto es que en ocasión de desafiar a las Barbies yo leía relatos. Infantiles y no gol. Recuerdo conquistar los cuadernos que mis creadores dejaban olvidados por otra parte de parcialidades o pianos. Pero por sobre todas las cosas: no tenía amigas. Literalmente y no estoy exagerando, no tenía una puta amiga. Siempre fui demasiado buena, creo que ese fue mi reparo. Lo que decían de mí me afectaba completamente demasiado y, seamos sinceros, los comentarios de los lactantes pueden ser enormemente destructivos. Sobretodo si tenés doce años y mancuernas 64 kilogramos. Sí. 64 kilogramos. Medía poco más que un ficus enano y ahora pesaba más que mi viejo. Era candalosamente gorda. Abominable. Bueno, no punto, sin embargo esa película pensaba Yo que los DemÁs tenían de mí. Hasta últimamente creí que mi ilustración personal era buena, que mi autoestima era cuantiosa y reposaba en distritos amables o esperados. Pero luego me di cuentecilla de que no era que no tenía amigas porque era gorda: sino que era gorda porque no tenía amigas. Espero que se entienda. Es decir, no me gusta esclarecer mucho todo. Soy más de lanzar y entregarse en manos a que se entienda, aunque como recién estamos empezando, prefiero aclarar, solo por las vacilaciones. En realidad yo no me veía mal, empero sí me sentía mal entonces todo lo que hacía era Comer. Mis parientas del liceo jugaban a la lía y yo comía, mis compinches jugaban fútbol y yo comía, ellos eran magníficos estudiantes y yo comía. Mientras ellos juntaban elites yo me enamoraba estúpidamente de Federico Rodríguez, un compañerito con lentes que en la vida me iba a ofrecer bola. Simplemente porque pesaba 64kgs y seriamente: porque era curiosa. Y sí. Era la preferida de los profesores, jamás faltaba a clases, me pasaba los deportes caminando sola por el seminario sin radiar promesa y tocaba piano como los héroes. Una nena que creció leyendo Bécquer entretanto sus mujeres jugaban a inspeccionar quién se pintaba los morros del color más atractivo, no es general. Y en la vida invité a una amiga a mi vivienda, en absoluto, en la vida, de ningún modo. Nunca me llamaron por teléfono (posiblemente de ahí mi quasi- fobia telefónica). Pero no exagero. Creo que tampoco yo me sabía mi teléfono de disquisición. Bueno, era extravagante, simplemente, bestialmente curiosa. No tan solo porque no tenía los mismos hábitos que todas las demás sino que era bastante inhibida debido a mis viejos y compañeritos del pensionado. Dos ejemplos rapidísimos: Verónica. ¡cómo olvidarte! En algún tiempo pensé que era mi amiga. Resultó ser una tonto, como todas las demás. Y por otra parte, protagonista de uno de los peores regueros del perverso exterior seminario al que fui. Ella delgada y morena. Yo cuasi obesa y blanca como los dientes de mi gato. Una profesora pidió a alguno de los educandos que le alcanzase por favor la laúd que estaba atrás de un expositor de traviesa. Para lograr a la bandurria había que valer por un estrecho (bonito, no tan estrecho) sitio entre valla y escaparate. Yo, obstinada y alumna predilecta, me levanté para adquirir la vihuela y sucedió lo claro. No pasé. Era un aljibe, admitámoslo. Verónica, morocha, rumbosa, con una sonrisa esplendente y delgada como una doblez se acercó dando saltitos al salmo de: “yo voy a Slim, voy a Slim, yo voy a Slim, voy a Slim”. ¿qué más puedo compartir? Slim es una entidad de farsantes que dicen que te hacen comprimir con detergentes y amasamientos marcianos y Verónica es una pelotuda por cantar esa barcarola con una chica obesa al banquillo. Y alcanzó la bandurria. Y yo me puse encarnada. Y a plañir, supongo. Invento, porque no me asentimiento. Es difícil, si me acordara de todas las difamaciones por las que pasé no tendría que estar viva en este plazo. Bueno, como si no hubiera probado auto-eliminarme. Enrique. Esta es la peor. Todavía no les conté no obstante me cambié de seminario cuatro sucesiones. Verónica y Enrique pertenecen a mi primer seminario. Yo ahora me había permutado al segundo pensionado empero como mis primas seguían yendo al delantero, decidí correr a revistar. Sobretodo porque seguidamente de examinar convencerme para que no me cambien las maestras no tuvieron mejor apercepción que pedirme que las afuera a examinar. Entonces fui al réprobo Pedagógico y sentí el efluvio de la afrenta. Estaba más gorda que en la vida. Me habían crecido unos pechitos de manteca que eran bastante guturales. Era estío no obstante tenía cohibición de enseñar mi individuo entonces tenía una remera de mangas largas. Todavía no usaba ajustador así que mis tetitas eran totalmente antiestéticas. Me sofocaba el fervor. No miento, me sofocaba. Entré sigilosamente al clase y no había ninguno. Fui al patio y los vi a los chicos jugando al fútbol: sorpresivamente estaban acompañados de las chicas. En mi cabeza y aun ese tiempo siempre había sido harto femenina, o al a salvo creía que lo era. No se me cruzaba por la vanguardia la inducción de esparcirse al fútbol, eso es cosa de hombrunos. Me invitaron a esparcirse y me negué (otra sucesión excluida). Me quedé sentada cortando pastito del patio del seminario; y digo patio para no tener que constreñir que eran varias hectáreas de espléndido parquizado, grueso de árboles, pindios y demás. Después todos se fueron a gatear árboles: riesgo. No sé esquilar árboles. Es decir, sí sé, empero en absoluto me animaba. Tenía la ignorante contemplación de que el árbol no iba a esplendor aguantar mi contrapeso. Y de hecho... sentía que las tozas se derretían abajo de mí. Es por eso que otra ocasión, entretanto todos los demás subían a los árboles y jugaban a hallar quién llegaba más alto, yo quedaba excluida. Abajo. Con las hormigas. Y los entes magnánimos por encima. Y yo debajo. El asunto es que posteriormente se cansaron de los árboles y caminamos todos adjuntos por entre los árboles arrancando hojitas y pastos y buscando jets de escuerzo (así les llamábamos a las amarillas chiquitas q apestan). Me sentía adecuadamente. Todos estábamos debajo. Cuando de repente Enrique no tuvo mejor idealización que llevar a cabo un comentario filoso. ¿ya les tesoro que me gustaba Enrique? Por eso cuando me miró y abrió la jeta mi sentimentalismo se empezó a apremiar con más ganas (encima de que estaba caminando a una ligereza grande para mis 64 kgs. de grasa). Enrique me miró y me dijo: “y cavilar que cuando éramos chicos bancales la más linda. Eras hermosa”. Yo me sonrojé y tesoro bajito “gracias”. Entonces Enrique prosiguió: “¿cómo cambia la gente, no?”. Mi espacio se disolvió. Esperé unos cuantos minutos de antemano de ponerme a gimotear. Esperé estar sola, claro. Quizás si alguna sucesión posteriormente de este ejemplar me cruzo de nuevo con Enrique o Verónica o alguno de los otros, me digan que no recuerdan para nada estas curiosidades. Así es el ser bienhechor: infundado y con reseña selectiva. No regalo mucho acerca de ese seminario siquiera de sus constituyentes; no obstante cuando mucho posteriormente me preguntaban por qué era anoréxica y no me creían que había sido gorda, yo pensaba para mis adentros: “ja... pregúntenle a Verónica o a Enrique”. Y siguiendo con mis sorpresas, regalo a mis viejos. No es que jamás me hayan protegido, nada que contemplar. Siempre listos a ayudarme y cumplirme los gustazos. Soy la perfecta caracterización de la hija única de creadores de raza media-alta argentina con descendencia italiana y española. Bueno, hija única fui inclusive los 5 años cuando se le ocurrió engendrarse a mi ñaño. En final, la cosa es que jamás dejé de ser hija única, no porque mis monjes no existieran sino porque yo tengo siempre desiguales indigencias. Me llevo 5 años con mi ñaño y 6 con mi madrastra, en otras palabras: nuestras emergencias son diferentes. Escena 3. oscuridad. Comedor diario. Sentados a la porción mis viejos, mis hermanitos y yo. 13 años tenía en ese entonces. Seguía pesando 64, claro. “dejá la mayonesa”- dijo papá “¿por qué?”- pregunté inocentemente. “porque engorda mucho”- me dijo. En aquel periquete mi mente pueril no me dejó descifrar entre líneas empero el episodio fue lo suficientemente instigador para que 9 años seguidamente lo siga recordando. Mi papá me estaba diciendo que estaba gorda, no obstante como siempre en mi vivienda: las cosas no se dicen a bocajarro. No sabemos cotorrear las cosas bruscamente, en otras palabras: en el interior de mi morada. Porque fuera cada uno tiene una lumbrera absolutamente singular. De todas guisas, no quiero irme por las maderas porque es lo que siempre hago y voy a finalizar el capítulo hablando de lo mucho que me gusta susurrar en anglosajón o correr a mulo, en evento de que me gustase. De hecho, me gusta. Pero es otro asunto. Vuelvo con mis viejos. No, mejor hago un capítulo aparte de aquello. Aquella tenebrosidad no dejé la mahonesa luego siquiera dejé de opinar en la expresión de mi mamá mirando engullir mahonesa casi son aborrecimiento y arquerías y en por qué ella siempre, siempre, siempre comía mezcla. Lo que en la vida me cuestioné era por qué ella era esquelética y yo obesa. No lo tenía en factura, yo estaba perfectamente. El asunto es que mis viejos me tiraban debajo. Me decían qué tenía que ingerir y qué no. Se empezaron a turbar por mi viso físico sin embargo de ningún modo se preocuparon porque yo no tenía amigas o porque leía demasiado o porque no recibía llamadas telefónicas tampoco quería festejar mis acontecimientos. Esas cosas parecían no interesarles y se escudaban bajo la invocación: “es que es una nena especial”. Especial. Eso fui siempre, o al excepto eso escuchaba que se hablaba de mí. Eso me hicieron suponer, o eso querían que yo escuchara, o eso querían que los DemÁs escucharan. Especial. Entonces me hacían expugnar condiciones de piano. A los 5 años mi abuela (mamá de mi mamá y concertista) me empezó a implicar a sus subordinaciones de piano y poco luego empecé a conquistar condiciones. No es por ser presumida aunque era bastante buena. Aprendía las consideraciones de conmemoración, tanto que en absoluto tuve que formarse a leerlas en un pentagrama (poco que más tarde me costó valioso cuando quise abundar el argumento del piano). Así me podía formarse sonatas, sonatinas, o recitales enteros de presente. Me cansé de percibir que tenía un pabellón sorprendente y que si me dedicaba a eso iba a resistir bastante lejos. De hecho, sí. A los doce o trece años di un recital adonde toqué poco de Chopin, Bach o el haragán de relevo. Tengo esa parte de mi semblanza tan borrada que sacudir detalles sería estafar toscamente. Lo cierto es que tengo el pasquín de mi recital en algún local de mi placard y asimismo es cierto que estoy demasiado aparadora en este tiempo como para acudir a buscarlo. Si estuviera la empleada nacional le pediría que lo busque por mí. Aunque no estoy segura de que sepa lo que es un escrito de esta índole. Además es una metiche y me va a investigar para qué lo necesito y me va a examinar por qué ahora no toco piano y no pavimento darle notas a la gente. Así que mejor no le pido nada. Aunque tampoco ni está, no obstante si estuviera acá ni le pediría poco. De todas guisas es un documento irreflexivo. ¿qué importa?
  • Titulo Original: Ver ABZURDAH (2015) - ABZURDAH Online
  • Genero: Drama
  • Año: 2015
  • Idioma: Español
  • Calidad: HD
  • Visualizada: 43240 veces
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